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José Mataloni y Laura F Campillo    

De cómo poner los pies en Tierra firme (Honestidad Bruta)

Posted by LAURA on 19 Ee mayo Ee 2018 a las 3:10

De cómo poner los pies en Tierra firme

La transformación de la que estamos hablando no puede ser algo idílico, utópico, algo que no confluya con la realidad que estamos viviendo. Por eso, cuando hablamos de inclusividad desde aquí, lo hacemos porque escuchar aquellas opiniones que no consideramos lo suficientemente “espirituales”, o convergentes, o sabias...etc., es realmente uno de los alimentos más valiosos para una transformación sensata y concreta del ser humano, en convivencia y comunión real y concreta con el medio que le rodea.

Una tendencia muy común es hablar de la transformación como un ideal, por ejemplo, en el que no existe la enfermedad, los políticos son meros intermediarios, no es preciso defenderse de nada...etc., pero uno tiene que ser sensato a la hora de ver lo que le rodea. Las personas tiene enfermedades, son acosadas, robadas, pasan hambre...etc. Cuando una persona en esta situación protesta, se queja o hace algo pensando que lo externo va a cambiar por su movilización, existe una tendencia muy común en la persona que empieza a transformarse, que es hablarle en ideal de que todo es proyección de uno, que el peligro que ve ahí fuera no existe, que es proyección propia...etc.

Para mí, en estos casos, es mucho más asertivo escuchar profunda y atentamente la opinión de esta persona, pues quien se encuentra en esta situación, difícilmente va a ver de entrada que toda aquella carga que está sufriendo tiene una raíz en sí mismo.

Escuchar con atención y observando en uno mismo las reacciones que se producen, normalmente el intento de cambiar la opinión del otro, es ya en sí mismo una gran ayuda y, además, produce en mí una mayor visión del hecho, me permite ampliar mi mente para, si es preciso, darle unas palabras más precisas que las que salen de mi intento de enseñarle, de instruirle o de cambiarle de opinión.

De hecho, si me encuentro esa situación en lo externo, justamente ese personaje que me salta, que trata de hacer un discurso con los ideales y trata de enseñarle al otro, es un personaje que no VE, que no VIVE de forma completa y plena lo que está diciendo, y por eso sus palabras, desde ese lugar, no producen ninguna transformación.

Sugerencia: podemos tomarlo al revés, no soy yo el que le tengo que enseñar a él, ni cambiarlo, sino que mejor escucho con total atención lo que el otro me dice, y permito que ese personaje que salta en mí por impotencia, con ganas de cambiar el mundo, con ganas de poner un ideal utópico a la vida, sea observado.

Mejor comprender que el otro me está ofreciendo una ampliación de mi perspectiva, y que si aprovecho para observar mis propias reacciones automáticas en su presencia, ambos saldremos altamente beneficiados.

Así podemos ir observando a ese cuarto plano de los programas que diseña nuestra vida, y desarticulando estos diseños para permitir que la lógica original que nos pertenece, sea la que genere nuevos diseños originales para una vida en libertad.

En ese cuarto plano está, pues, el personaje del que hablamos, que quiere cambiar el mundo cambiando a los demás, que tiene todos los ideales de un mundo convergente, un mundo en paz, pero que él mismo no está en paz. Hemos de poder observarle en acción, en su salsa, y detectarlo como distorsión, para que pueda ir disolviéndose.

La mayor dificultad en este punto es que, si no estamos atentos, este personaje no es tomado como una distorsión, sino como lo que soy. Por eso es importante entender bien lo que estamos haciendo aquí, que es ofrecer una visión de la distorsión de estos personajes, para que podamos detectarlos muy fácilmente y salir de la creencia de que somos eso.


Fragmento del libro Honestidad Bruta

www.unkido.com/libros


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